jueves, 20 de octubre de 2016

ORIGEN Y CAMBIO DE VIDA

Practicar zazen (meditación sedente) en la mañana, practicar zazen en la noche, practicar el trabajo consciente a lo largo del día, ya sea en cocina, limpieza o jardinería. Aprender a manejar las emociones, a saber gestionarlas viviendo en comunidad donde hay que ir afinando caracteres, costumbres, hábitos, maneras de ser, en un espacio pequeño, si lo comparamos con la ciudad. Vivir al detalle cada instante, tejer los segundos, los minutos, los días con la conciencia que supone el hecho de no poder escaparte de ti misma. Todo ello ayuda a conectar con esa energía sutil que llevamos dentro, que nace del silencio y nos alinea con lo que verdaderamente somos.
El germen de este cambio en mi vida tuvo lugar en un voluntariado al que había asistido unos años atrás, en el Monasterio budista Luz Serena de Requena. Aunque me había ordenado Bhodisattva1 en el año 1994, con el maestro Dokusho Villalba, llevaba muchos años sin asistir a ningún retiro de meditación.  Recuerdo que en dicho voluntariado se me asigno la tarea de limpiar a fondo la casa del maestro durante tres días. Tres días barriendo, fregando, limpiando cristales, algo parecido a la famosa escena de la película Karate Kid “Dar cera pulir cera” Tres días en los que penetré en un espacio de tiempo sin tiempo. Tres días en los que me sumergí en un estanque de felicidad. Tres días en los que tuve la certeza de que el mundo que latía en mi interior podía ser real, era real. Mientras limpiaba, barría y fregaba algo se estaba despertando dentro de mí, algo que me recordaba a una película que vi cuando tenía siete años y que nunca llegué a olvidar: “Horizontes perdidos”, dirigida por Frank Capra en el año 1937 e inspirada en la novela de James Hilton, que relata la llegada de unos extranjeros a un monasterio tibetano Sangri-La y que simboliza la  búsqueda de la felicidad en una sociedad pacífica y sabia en los montes Himalayas. Tres días en los que penetré en una especie de holograma, atravesé una puerta que me llevaba a una comprensión del mundo y de mi vida, jamás percibida hasta ese momento. Fue tal la lucidez experimentada, que cuando regresé a casa con mi familia sentí que nada tenía sentido. Que lo que había sido mi vida hasta entonces había llegado a su fin, el ciclo se cerraba en una especie de muerte y renacimiento.
Recuerdo que lo primero que experimenté fue un tremendo apagón, como si todas las luces que alumbraban el camino de lo que había sido mi vida hasta entonces se apagaran, y solo quedara encendida la luz que alumbraba el monasterio Luz Serena. Se apagó la luz que había iluminado durante catorce años la relación con mi marido, una excelente persona junto a la que siempre creí que envejecería, se apagó la luz de todos los proyectos que había iniciado en los últimos años. Toda mi vida se apagó en un solo  instante. No había elección posible, la vida me había dejado completamente a oscuras, me había despojado de todo lo que había sido hasta entonces, con el único horizonte abierto de Luz Serena. Lo sorprendente fue que a la vez me sentía inmensamente feliz. Los siguientes meses los viví en un estado de éxtasis como si mi cuerpo levitara y todo a mi alrededor se llenara de luz. Una luz que lo envolvía todo y a todos los que me rodeaban. Quizás por ello no hubo dudas y en cuanto pude me trasladé a vivir como residente en el Monasterio.

 1 (Bodhisattva es un término propio del budismo que alude a alguien embarcado en el camino del Buda de manera significativa. Es un término compuesto: bodhi ("supremo conocimiento", iluminación) y sattva (ser))

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